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201 AÑOS DEL ARMA DE INFANTERÍA: HERENCIA DE HONOR, PATRIA Y SACRIFICIO

201 años del arma de infantería

Quienes sentimos el orgullo vivo de celebrar al soldado de infantería. A ese soldado que no pide nada y lo entrega todo. Ese soldado que avanza con el fusil cruzado como símbolo de fuerza, disciplina y honor. Ese soldado que honra la frase que nos identifica y nos define: “La infantería es el hombre y esta prevalecerá mientras el hombre se encuentre sobre la faz de la tierra” le enviamos desde la reacción prensa digital un saludo de agradecimiento por sus sacrificios, mil Bendiciones.


Este 9 de diciembre, Colombia celebra con orgullo los 201 años del Arma de Infantería del Ejército Nacional, cuna y columna vertebral de nuestras victorias militares, guardiana silenciosa de la soberanía y escuela de sacrificio, disciplina y valor. Hoy, más que una efeméride, recordamos una historia construida con sangre, sudor, lágrimas y patriotismo; una historia hecha por hombres y mujeres vestidos de camuflado que, con los fusiles cruzados sobre el rojo carmesí como divisa perenne, han defendido esta patria desde sus montañas, ríos, llanuras y selvas.


El Arma de Infantería nació el 9 de diciembre de 1824, con el fulgor de la Batalla de Ayacucho, cuando el genio militar del general José María Córdoba consolidó definitivamente la independencia de América del Sur. En ese instante imborrable, la Infantería no fue solo un brazo armado: fue el espíritu moral que selló nuestra libertad, que nos permitió existir como nación y que sembró el legado militar que después se desarrolló y engrandeció en Colombia.


José María Córdoba, héroe de Boyacá, Pichincha y Ayacucho, tenía la convicción de que la Infantería era más que hombres alineados en combate: era una unidad de convicción, disciplina, sacrificio y honor. El general antioqueño comprendió que la Infantería es siempre la primera en entrar y la última en salir: primera en combatir, primera en avanzar, primera en caer… pero también la primera en levantarse. Su legado sigue vivo en cada soldado de infantería que pisa territorio colombiano, que sirve sin pedir aplausos y que entrega su vida sin reclamar premio.


Ejército de Colombia

Hoy rendimos homenaje a todos esos hombres y mujeres que visten el uniforme y portan con orgullo los fusiles cruzados. A los soldados en actividad, quienes enfrentan sol y lluvia en los puntos más lejanos de la geografía nacional, quienes cargan el fusil no como instrumento de muerte, sino como herramienta de protección y garantía de paz. A los oficiales y suboficiales que entrenan, orientan y conducen con liderazgo moral. Y a los veteranos y reservistas que, con las cicatrices del deber marcado en alma y piel, son memoria viva de la grandeza del Arma.


El soldado de infantería es, en todo el mundo, la encarnación más pura del compromiso militar. Sea en Colombia, Estados Unidos, Israel, Francia, Corea del Sur o Reino Unido, el infante es quien duerme bajo la lluvia, marcha kilómetros con la carga del equipo y su responsabilidad al hombro, enfrenta al enemigo desde la proximidad del fuego y soporta el dolor con la firmeza del acero. Es el combatiente que avanza cuando las comunicaciones fallan, cuando el apoyo de fuegos no alcanza, cuando los aviones no pueden llegar y cuando los carros blindados no pueden pasar; él es la continuidad del combate y la garantía de la victoria.


A lo largo de nuestra historia republicana, la Infantería ha enfrentado enemigos de toda índole: ejércitos invasores, caudillos insurgentes, guerrillas, bandas armadas, narcoterroristas y estructuras criminales. Siempre presente, siempre firme, siempre en primera línea del combate. Y cuando la patria ha pedido un esfuerzo adicional, la Infantería no ha negociado su deber: lo ha cumplido sin titubear.


Para el pueblo colombiano, la Infantería ha sido y seguirá siendo símbolo de protección. Muchos niños de nuestras montañas vieron llegar a los soldados de infantería como salvadores, como guardianes, como la presencia del Estado donde nadie más llegaba. Muchos hombres y mujeres de los campos colombianos agradecen hoy, desde el silencio, la presencia de la Infantería que trajo paz, seguridad y esperanza.


Arma de Infantería

Hoy, 201 años después, el Arma de Infantería sigue evolucionando: del fusil de chispa a los modernos sistemas de combate; de las tácticas en línea a operaciones aeromóviles; de la marcha forzada a la movilidad estratégica. Sin embargo, lo esencial permanece: la fuerza moral, la disciplina férrea, el espíritu de combate y el amor profundo por la patria.


Ser soldado de infantería no es una profesión: es una fe. Es creer que hay valores por los cuales vale la pena arriesgarlo todo; que hay una patria que merece ser defendida; que la libertad no se negocia, se mantiene con sacrificio; que la bandera no es un símbolo decorativo, sino motivo de vida.


Hoy, en esta conmemoración especial, elevamos un saludo respetuoso y sentido a cada infante activo; a cada veterano que, aunque hoy vista de civil, sigue siendo soldado en su corazón; a cada familia de soldado que fue la retaguardia moral de su lucha; y a los héroes que en silencio descansan en tierra patria, pues ellos son la luz que alumbra el sendero de quienes continúan el camino.


¡Gloria al Arma de Infantería del Ejército Nacional de Colombia!

¡Gloria a los soldados infantes, ayer, hoy y siempre!

201 años de honor, 201 años de sacrificio, 201 años de patria. NOTA INFORMATIVA Por Silverio José Herrera Caraballo

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